PRINCIPIOS DE GESTIÓN

Principios de gestión a aplicar
Aun dentro de la dificultad de reducir las ideas claves a un „decálogo“ sencillo y comprensible, parece interesante proceder a resaltar en forma de „principios“ (o al menos de frases sencillas) los elementos fundamentales que están en la base de este sistema de gestión, que resulten claras de explicar a los propietarios y forestales y reflejen lo fundamental de las diferencias respecto a lo que se suele hacer habitualmente:
Estas „reglas“ son evidentemente muy generales y necesitan de un esfuerzo para aplicarlas en cada caso. En ocasiones será imposible o inconveniente aplicarlas todas, al menos en una primera fase, por ejemplo cuando se trata de una repoblación joven, pero pueden guiar algunas intervenciones preparando el futuro.
Tienen forma de aforismo o slogan y una pequeña explicación en la que se muestra la diferencia con la silvicultura más al uso hoy en día y las razones.

1.- En una parcela arbolada siempre debe haber árboles. No se realizarán cortas finales o definitivas. Una regeneración en la que se han cortado los árboles padres o un repoblación artificial recién creadas serán, con un poco de suerte, bosques en el futuro, pero todavía no cumplen las funciones de los bosques. Son como masas de arbustos que algún día crecerán, pero no tienen la típica estructura del bosque. El que sean de especies arbóreas no quiere decir que tengan forma arbórea (por ejemplo, un saco de castañas o bellotas no es un bosque aunque pueda serlo en el futuro). Una de las mayores ventajas de los ecosistemas forestales es la creación de un conjunto de microclimas que se esfuman en cuanto se cortan los grandes árboles. Esas condiciones especiales del bosque (sombra, humedad…) suelen ser muy importantes para el mantenimiento de la fertilidad del suelo, el balance de humedad y para facilitar las condiciones de regeneración. Un escasísimo número de árboles (por ejemplo cuando se dejan 6-8 pies para favorecer la persistencia de la fauna forestal) pueden en ocasiones ser suficientes para que se conserven en la parcela algunas especies de insectos o aves, pero no para mantener el „ambiente forestal“. Hay que tener en cuenta que crear ese ambiente forestal ha costado muchísimo tiempo, especialmente en ambiente mediterráneos y que no conviene destruirlo únicamente para reconstruirlo mejor. Se trata más de reformar paulatinamente la estructura del bosque en lugar de revolucionarla.

2.- Los mejores árboles se cortan en su sazón. Si cortamos árboles a medio hacer malvendemos las "acciones" de mayor futuro de nuestra "bolsa forestal". Salvo que existan otras razones relacionadas con la salud, el paisaje, el equilibrio del ecosistema o el mantenimiento de las infraestructuras, los mejores árboles que se van a aprovechar para madera no deberían cortarse hasta que alcancen un diámetro importante. Actualmente los árboles se cortan porque ha llegado el momento de regenerar la parcela y en el lote suelen incluirse, junto con árboles de buenas dimensiones, otros que podrían crecer más mejorando la renta del monte. No todos los árboles de porvenir crecen a la misma velocidad y llegan en periodos diferentes a su madurez, por lo que en los árboles, al igual que entre los humanos, dentro de ciertos límites la edad es bastante relativa.

3.- Un bosque vivo siempre está renovándose. El monte debe estar siempre en regeneración. Esta ha sido una idea clave de los forestales, pero durante mucho tiempo se ha considerado únicamente a grandes escalas. Actualmente la regeneración se concentra en una serie de parcelas, en las que se realizan cortas y trabajos para conseguirla. El resto del monte suele quedar "en espera". Esta concentración es lógica en los montes muy pastoreados donde solamente puede lograrse la regeneración con cierres y acotados. Pero en la medida en que los montes van quedando libres de pastoreo el bosque vuelve a recuperar sus viejos hábitos de regenerarse en cualquier lugar en donde queden espacios libres. En lugar de considerar esto como un problema (la famosa regeneración "adelantada"), se puede convertir en una oportunidad y una ventaja (lograr una mayor estructuración del monte, conseguir que los nuevos bosquetes o plantas se desarrollen protegidos y conformados por los adultos...). Incluso en parcelas de pocas hectáreas es lógico y conveniente que aparezcan manchas de regenerado.

4.- El bosque repuebla mejor que nosotros, si tiene la oportunidad y el tiempo de hacerlo. La plantación artificial es sólo una pequeña herramienta para completar la labor de la naturaleza, especialmente cuando la distribución actual de especies o la calidad genética no es la más adecuada. Ahora existe la tendencia a repoblar o hacer al menos grandes trabajos de laboreo cuando se considera que ha fracasado la regeneración natural. El fracaso no suele ser en relación con la propia marcha del monte sino a nuestras impacientes expectativas (que se logre una regeneración abundante y completa en una gran superficie y en un corto periodo de tiempo).

5.- Las plantas y los árboles jóvenes necesitan ser educados (elegidos, podados y conformados...). Esto puede hacerse en gran parte con la ayuda de la sombra y competencia provocada por los árboles mayores, tengan o no buena forma. Esos árboles mayores solamente se quitarán cuando haga falta y no porque "haga feo". Actualmente se cortan lo antes posible, porque producen la impresión de una masa poco cuidada. El papel de cada árbol (y de otros seres vivos) en el monte es muy variado. Algunos producen rentas directamente, pero otros pueden ayudar a producirlas educando a las plantas jóvenes.

6.- Mantener y mejorar la fertilidad del suelo es uno de los objetivos principales de la gestión forestal. El suelo agradece una alimentación variada. Es deseable mantener una mayor presencia de especies, en particular de aquellas que dan un humus de tipo mull (menos ácido) como la mayor parte de las frondosas y algunas coníferas como el abeto Douglas. Igualmente favorecer aquellas leguminosas, tanto arbóreas como arbustivas, que fijan el nitrógeno y fertilizan el suelo.

7.- Cortar menos, más a menudo y sin miedo de hacer pequeños claros. El monte agradece las intervenciones más ligeras y más a menudo. Conviene hacer cortas cada 8-12 años según las especies y estaciones. Lo más conveniente sería que todas las cortas se hicieran siempre con un mismo criterio complejo: se cortan algunos árboles gruesos como cosecha y se actúa con una clara selectiva sobre el resto (es decir: corta de regeneración, mejora y sanitaria en el mismo paso). Actualmente se diferencian radicalmente las cortas de mejora o claras (extrayendo un 20-40% del volumen) de las de regeneración (en donde se extrae el 60-100%). En lugar de señalamientos que buscan la homogeneidad del bosque tras la corta con distribución regular de los pies,para lo que se cortan a veces algunos pies con futuro y se dejan otros de mala calidad, las cortas se harán adaptándose a cada pie y circunstancia de la estación, pudiendose dejar grupos de árboles más densos o abrir pequeños huecos de un diámetro equivalente a una o dos alturas de los árboles vecinos, según las circunstancias de cada sitio y especie.

8.- Reducir al máximo los trabajos selvícolas pero hacerlos "finos" y de calidad. El gestor trabaja mejor (y menos estresado) con actuaciones menos intensas y más repetidas. Actualmente hay tendencia a realizar pocas intervenciones pero "en cadena": poda sistemática de gran número de árboles, limpiezas en masa del regenerado, clareos sobre grandes superficies... Esto exige grandes inversiones y una compleja organización (proyectos, tramitación administrativa complicada y lenta, adjudicaciones a empresas con numeroso personal...), que solamente puede hacerse sobre masas importantes y con fuertes subvenciones. Generalmente se concentra en algunos años y luego hay largos periodos sin intervención, lo que dificulta la persistencia de una mano de obra cualificada que viva cerca del bosque. La regeneración dispersa y educada en la semisombra reduce la necesidad de estas intervenciones, pero las hace más complejas, ya que se actúa sobre pequeños bosquetes haciendo a la vez ese trabajo que ahora se separa (hay que clarear, podar, favorecer la regeneración...) en la misma pasada. Es un trabajo más individual (del guarda o gestor que va recorriendo el monte poco a poco y a menudo).

9. De cara a planificar este tipo de gestión, los proyectos de ordenación de montes deben determinar las zonas en que es conveniente y posible aplicarla, y dentro de ellas estimar cual es el volumen óptimo a mantener en pie, la proporción entre árboles gruesos, medianos y delgados, así como el paso e intensidad de las cortas periódicas. De manera general estas determinaciones se realizarán con carácter provisional, a la espera de que un sistema de control –por medio de sucesivos inventarios y de una detallada contabilidad de los aprovechamientos- permita depurarlas y corregirlas en futuras revisiones. Siempre que sea posible, y siempre que el monte esté suficientemente capitalizado, se tratará de extraer el crecimiento corriente de ese capital parcela a parcela, en lugar de descapitalizar parcelas enteras para regenerarlas.

10. Los aprovechamientos y los trabajos selvícolas deben realizarse por personal especializado, bien formado en las técnicas de gestión próxima a la naturaleza. Para los trabajos selvícolas el trabajador debe estar capacitado para adaptarse a las situaciones diferentes que van apareciendo de parcela en parcela, con el suficiente entrenamiento para comprenderlas y actuar sobre ellas. En la explotación es preciso realizar señalamientos realistas, crear una buena y abundante red de vías de saca, proceder a apeos dirigidos y desemboscar con la maquinaria apropiada y personal experto. Sería deseable que estos trabajos, especialmente en las zonas de mayor riesgo de daños, se realice a jornal y no a destajo.

En resumen: La imagen "ideal" actual (abundantes árboles, todos buenos y regularmente espaciados, con características semejantes y casi siempre de la misma especie), no suele corresponder con el mejor aprovechamiento de la estación y tiene costes de mantenimiento elevados. Un monte más desordenado (con diferentes especies y tamaños de árboles, con un sotobosque rico) de adapta mejor a las distintas estaciones, tiene menores costes de regeneración y puede ser económicamente más interesante, a condición de que se haga una gestión más cuidadosa y fina.